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Nuestros ancestros no eran más violentos que nosotros

El sociólogo Sinisa Malesevic ha publicado recientemente el ensayo 'El auge de la brutalidad organizada' (Publicacions de la Universitat de València)

La Vanguardia/ Alejandro Fernández Diego

Un homínido empuña un hueso, lo alza decidido y lo descarga con violencia sobre otro primate. Esta icónica (y simbólica) imagen de 2001: Una odisea del espacio está instalada en el subconsciente colectivo como un reflejo de lo que pudo haber sido la vida prehistórica y el origen de la vida humana. O, mejor dicho, Sapiens.

Un origen que hemos imaginado colectivamente cargado de violencia, irracionalidad, instinto y sangre. La leyenda bíblica de Caín y Abel, por poner un ejemplo remoto, es uno de esos avisos tradicionales sobre el principio salvaje que gobierna la naturaleza humana. Yendo más allá, la iconografía histórica está igualmente repleta de estas advertencias sobre los bárbaros de nuestros antepasados (sean cuales sean). Hombres primitivos, sacrificios humanos, canibalismo, brutalidad inquisitorial, el oscuro periodo medieval, etc. Ese prejuicio constante. Recientemente, y sobre todo tras el best seller de Steven Pinker Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones, se popularizó la creencia de que vivimos en la época más pacífica de la historia. Pinker argumentaba que habíamos conseguido diluir buena parte de nuestra naturaleza violenta para alcanzar en el siglo XXI el mayor escenario de paz y civilización de la historia humana.

Sin embargo, el sociólogo Sinisa Malesevic ha publicado recientemente un ensayo, El auge de la brutalidad organizada (Universitat de València), que lamentablemente rompe esa ilusión. O cuanto menos la matiza en muchos de sus argumentos.

El origen de la violencia humana

Que nuestros antepasados eran violentos está ampliamente documentado, lo que no está claro del todo es en qué medida, y sobre ello existe actualmente una gran controversia. El debate reciente se abre con estudios como el de Lawrence H. Keeley War before Civilization, en el que se describe un pasado bastante sombrío, relatando los contactos sociales como repletos de hitos violentos. Keely dinamitaba la idea del buen salvaje, argumentando que las guerras prehistóricas eran más frecuentes, más brutales y más sangrientas que las actuales. Esta interpretación de las costumbres de nuestros antepasados ha sido poco a poco corregida. Principalmente, se ha cuestionado la fiabilidad de las evidencias sobre las que se basan dichos estudios. Sumando aproximaciones multidisciplinares (arqueológicas, antropológicas, biológicas...) se ha nivelado dicha convicción, como por ejemplo hacen Andrea Dolfini y Raphael Hermann en Prehistoric Warfare and Violence.

Malesevic, por su parte, explora esta misma línea argumental en El auge de la brutalidad organizada. En esta obra, el estudioso irlandés sostiene que nuestros antecesores daban prioridad a la defensa frente al ataque, y que la violencia entre pares no era frecuente. Según su tesis, estaban más ocupados en escapar de los peligrosos depredadores carnívoros que en considerar las guerras contra otras tribus de su especie.

Llegir més: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/prehistoria/20201006/33656/ancestros-mas-violentos.html?fbclid=IwAR3BZTBe4zI3hcW_aE922y_oHezDr8IW_-FtPSeWK4d-3LNKdkPoMmJNPs8

 

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